Marta Cerviño Solana - Cuentos y Microcuentos - 6a7237ee7936c5ce7edc8b255bad0b1b

En Blanco y Negro

28/11/2015

Cuento. Este cuento lleva banda sonora, la canción que me inspiró a escribirlo. Podéis encontrar el vídeo que hice uniendo ambos, canción y cuento, aquí. Si queréis solo la canción, es «That’s an Irish Lullaby«.

La voz del viejo Crosby emerge del leve ruido que hace el disco al girar bajo la aguja.

En una habitación que ahora sólo se vería en blanco y negro, baila una pareja.

Ella lleva una falda de tubo y medias, él viste chaqueta y corbata. Ha dejado el sombrero de caballero colgado en el perchero de la entrada, junto a la gabardina y la bufanda.

Ella debería estar haciendo la cena, o eso piensa la sociedad en blanco y negro.

En su lugar, se mece suavemente, rodeando con los brazos los hombros de su pareja, que hace lo mismo con su cintura. Ella apoya la mejilla en su pecho, él descansa el pómulo junto a su sien. Ambos tienen los ojos cerrados.

No importa que él aún huela al frío de la calle.

No importa que ella tenga que irse en menos de diez minutos.

No importa que él haya venido a despedirse.

No importa que ella ya no vaya a verle más.

La luz de una farola entra por la ventana, iluminando la estancia a oscuras, pintando en la pared la única sombra que ambos proyectan.

Como en esos tiempos en blanco y negro, él ve una lágrima en la mejilla de ella, que mira hacia abajo, sombreando con sus largas pestañas un rostro de piel tan fina que parece un sueño. Él está serio, triste, pero aun así consigue reunir la fuerza para guiar hacia arriba su barbilla y mostrarle una sonrisa cargada de cariño.

Es un adiós. Los dos lo saben. Hasta el viejo Crosby parece cantar más despacio, alargando lo inevitable, retrasando el momento en el que el timbre suene, el coche que ella ha pedido llegue, y ambos crucen la puerta para no volver.

Nunca una canción de cuna fue testigo de una despedida más serena.

Sin decir palabra, ambos se han quedado quietos, mirándose a los ojos, la mano de él sosteniendo su barbilla, igual que un fotograma de aquellos tiempos en blanco y negro, en los que las voces enlatadas sonaban elegantes, y la música grabada tenía ese sonido tan característico de la nostalgia.

Todo ocurrió en blanco y negro.

El timbre sonó.

El disco se acabó.

Ambos salieron por la puerta, y una lágrima se deslizó por su mejilla cuando se encontró sentada sola en el coche.

Pero el beso…

¡Ah, el beso!

El beso de despedida, justo antes de que la canción dejase de sonar.

Ése, no fue en blanco y negro.

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